- ¿La tocas ahora?
- No, mama todavía no puedo, más arriba.
Y la elevaba todavía más, ofreciéndosela a la diosa. Selene se limitaba a acariciarle la cara regalándole una luz especial y dándole las buenas noches.
El otro día entró en mi cuarto, miró lo que estaba haciendo, abrió los ojos y con una sonrisa de oreja a oreja exclamo, "mama, soy yo y tengo la luna".
2 comentarios:
ESA PEQUEÑA SE MERECE LA LUNA Y TODO EL UNIVERSO. MUY, MUY, MUY BONITO.
¡Que bonito! Me encanta.
Pau.
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