Este fin de semana fui a Bilbao a la exposición que hacía mi amiga Elena Goñi, en
Espacio Marzana, y como siempre no me decepcionó.
Ella pinta lo que conoce, lo que le es familiar, cercano, lo que y a los que quiere.
Me tiene mal acostumbrada porque en todas la exposiciones siempre tiene un joya que destaca por encima de las demás.
En la exposición que hizo el año pasado en Madrid tenía un retrato de su amiga Beatriz leyendo, que me dejó prendada. Pequeño, simple, tranquilo, relajante pero impresionante ese pequeño toque de luz en la nariz que lo hacia grandioso.
En esta ocasión frente a los colores luminosos que tenía en sus cuadros hubo dos cuadros que destacaron por contraste. En estos se representaba a su marido (Manolo, ¡Ay mi Manolo) yacente, dormido, tranquilo, blanco y ella, embarazada, viva, explendida, diosa madre, desafiante, negra, altanera... Debo reconocer que cai rendida a sus pies ante esa mirada.
La foto que dejo aquí no hace justicia.
Un besazo.